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RUBEN DARIO

¡Triste es la noche!  Triste es la selva...  Y del arroyo  lo es el rumor;  pero es más triste  que el arroyuelo  y que la noche,  mi corazón. 
Yo vi un ave  que süave  sus cantares  entonó  y voló...  Y a lo lejos,  los reflejos  de la luna en alta cumbre  que, argentando las espumas  bañaba de luz sus plumas  de tisú...  ¡y eras tú!  Y vi un alma  que, sin calma,  sus amores  cantaba en tristes rumores;  y su ser  conmover  a las rocas parecía;  miró la azul lejanía...  tendió la vista anhelante,  suspiró, y cantando amante  prosiguió...  ¡y era  yo! 

poemas

Orquídeas                 Ánforas  de cristal, airosas galas de enigmáticas formas sorprendentes, diademas propias de apolíneas frentes, adornos dignos de fastuosas salas. En los nudos de un tronco hacen escalas; y ensortijan sus tallos de serpientes, hasta quedar en la altitud pendientes, a manera de pájaros sin alas. Tristes como cabezas pensativas, brotan ellas, sin torpes ligaduras de tirana raíz, libres y altivas; porque también, con lo mezquino en guerra, quieren vivir, como las almas puras, sin un solo contacto con la tierra.

Chocano

  PASA Y OLVIDA Peregrino que vas buscando en vano un camino mejor que tu camino, ¿cómo quieres que yo te dé la mano, si mi signo es tu signo, Peregrino? No llegarás jamás a tu destino; llevas la muerte en ti como el gusano que te roe lo que tienes de humano... ¡lo que tienes de humano y de divino! Sigue tranquilamente, ¡oh, caminante! Todavía te queda muy distante ese país incógnito que sueñas... Y soñar es un mal. Pasa y olvida, pues si te empeñas en soñar, te empeñas en aventar la llama de tu vida.

Santos Chocano

  RIQUEZA Tengo la dicha fiel y la dicha perdida: la una como rosa,  la otra como espina. De lo que me robaron no fui desposeída: tengo la dicha fiel y la dicha perdida, y estoy rica de púrpura y de melancolía. ¡Ay, qué amante es la rosa y qué amada la espina! Como el doble contorno  de dos frutas mellizas, tengo la dicha fiel y la dicha perdida

Ruben Dario

La cruz del sur Cuando las carabelas voladoras  al fin trazaron sobre el mar sus huellas,  fueron rasgando por delante de ellas  la inmensidad con sus tremantes proas.  Entonces, Dios, en las nocturnas horas,  tras el misterio de las tardes bellas,  una cruz dibujó con cuatro estrellas  en el lienzo en que pinta sus auroras.  Quedó la cruz como argentado broche  que en la punta de un velo resplandece,  dejando ver radiantes simbolismos.  Y hoy, sobre el terciopelo de la noche,  en la profunda obscuridad, parece  la condecoración de los abismos...