Yo vi un ave 
que süave 
sus cantares 
entonó 
y voló... 

Y a lo lejos, 
los reflejos 
de la luna en alta cumbre 
que, argentando las espumas 
bañaba de luz sus plumas 
de tisú... 
¡y eras tú! 

Y vi un alma 
que, sin calma, 
sus amores 
cantaba en tristes rumores; 
y su ser 
conmover 
a las rocas parecía; 
miró la azul lejanía... 
tendió la vista anhelante, 
suspiró, y cantando amante 
prosiguió... 
¡y era 
yo! 

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